CORYANTHES HUNTERIANA SCHLTR.
El género Coryanthes está constituido por unas 29 especies, distribuidas desde México hasta Bolivia y Brasil. Según Günter Gerlach, en Costa Rica existen tres especies (Pupulin et al., 153, 2005). Una de ellas es la Coryanthes hunteriana, cuyas flores son, generalmente, de color amarillo castaño o amarillo mantequilla. Gerlach acota que la conocida como Coryanthes horichiana (de color crema con manchas rojo y morado) debe ser considerada una variedad de color de la primera especie.
El presente artículo se basa en un ejemplar de Coryanthes hunteriana, con la última coloración señalada. Como lo señala Troy Meyers, las Coryanthes son orquídeas de carácter insólito, tanto por la forma general de sus flores y de sus peculiares estructuras, como por los mecanismos para su supervivencia y reproducción. Es así como la curiosa inflorescencia, pocos días antes de la apertura de las flores es un signo de que nos vamos a encontrar con una flor extraña: algunos la han asociado con el parecido a un hombre en la Luna, aunque para quien escribe la semejanza sería más bien con un extraterrestre (Foto 1).
Pero lo que resulta todo un acontecimiento, para quien lo observa por primera vez, es el proceso de la floración propiamente dicho. Y es que no más al abrirse, vamos a contemplar los dos grandes sépalos laterales extendidos, semejando un pájaro con sus alas abiertas, listo para el vuelo (Fots 2 y 3).
Tal apariencia es espectacular, pero se mantiene así solo por unos pocos minutos, pues poco a poco los sépalos laterales (los cuales están cubiertos por una fina sustancia) comienzan a enrollarse hacia la parte dorsal de la flor. Es oportuno detenerse un poco en la descripción de esta, ya que las flores de las Coryanthes, aunque poseen las partes características del resto de las orquídeas, presentan también estructuras muy inusales y altamente especializadas.
Ya se ha hecho referencia al curioso fenómeno de los sépalos laterales. En cuanto al sépalo dorsal, este forma una cubierta sobre la columna y hasta el final de ella. Precisamente, esta se ajusta apretadamente en el complejo labio, casi como si estuviera unida a él en toda su longitud, lo que no es así.
Con respecto a los pétalos laterales, estos poseen la misma sustancia que los sépalos y son relativamente pequeños si se les compra con aquellos. Se encuentran más o menos paralelos a la columna y cubren un poco los lados de esta.
El tercer pétalo, que en las orquídeas ha evolucionado como labio o labelo, es especialmente complejo en las Coryanthes y lógicamente, C. hunteriana no es la excepción. Lo encontramos unido al ápice del ovario por una estructura llamada garra o pedúnculo. Después de esta se divide en tres estructuras primarias que aparecen también muy definidas en otros géneros como Stnahopea y las cuales se denominan : hipoquilo, mesoquilo y epiquilo (Véase foto 4).
El hipoquilo en las Coryanthes es usualmente una capucha o tapadera; precisamente, el aroma de la flor proviene de los osmóforos situados bajo ella. El mesoquilo, de forma acanalada, es la parte central del labelo. En cuanto al epiquilo, es el último segmento del labio, con una curiosa forma de cubo o taza y finaliza ajustándose apretadamente contra la columna, hasta el término de esta.
También son muy llamativas en estas orquídeas, un par de glándulas llamadas pleuridios, que se encuentran localizadas sobre la columna, cerca de donde el pedúnculo se conecta con el ovario, las cuales segregan un líquido que mantendrá siempre semilleno el epiquilo (Véase foto 5).
Se ha mencionado antes que las partes de la flor en las orquídeas del género Coryanthes son altamente especilizadas. Precisamente, esta peculiaridad tiene como objetivo lograr la polinización de la flor, su posterior reproducción mediante semillas y en última instancia, la conservación de las especies.
Utilizando, como se ha hecho anteriormente, fotografías del espécimen en referencia, se presenta de seguido una breve descripción del proceso de polinización en las especies de este género.
Señala el doctor Günter Gerlach, que en el siglo pasado se creyó que estas orquídeas eran polinizadas por los colibríes, ya que estos a menudo se acercan a tomar el líquido que posee el epiquilo de tales flores. Pero algunos observadores determinaron que ello era imposible, pues con tal acción dichas aves nunca se acercaban ni a los polinios ni al estigma. Hoy es sabido que las Coryanthes son polinizadas por avispas machos euglosinas de los géneros Euglossa, Eulema y Euplusia. Solo cuando se conoce el recorrido de estas abejas por estas flores, cobra sentido la funcionalidad de sus partes.
Se dijo líneas arriba que bajo la capucha del hipoquilo de la flor existen osmóforos. Precisamente, la fragancia que estos emanan es la que atrae fuertemente a las euglosinas machos, las cuales tratan de llegar hasta ellos; tal es su fruición por impregnarse totalmente de su fragancia, que en un momento dado pierden su equilibrio y caen en el fondo del epiquilo, el cual se mantiene semilleno del líquido segregado por los pleuridios. En tal situación, al insecto se le humedecen las alas, por lo que pierde su capacidad de vuelo. No podrá subir por las paredes del epiquilo, pues ellas son lisas y resbalosas. Solo le queda una vía de escape: el estrecho agujero que existe entre el extremo del epiquilo y la columna. Al hacerlo, roza primero el estigma de aquella y luego la cubierta de la antera, la cual logra abrir en su esfuerzo por salir; en esa acción los polinios se desprenden y se adhieren al dorso del animal.
Sin embargo, el esfuerzo por escapar es agotador y la avispa dura hasta media hora prisionera en el estrecho agujero, accionando constantemente con sus patas para lograr su libertad. Precisamente, este es el momento que capta una de las fotografías que ilustran la presenta reseña (véase foto 6).
Cabe agregar que al rozar la abeja, primero el estigma, y luego la cubierta de la antera donde están los polinios, las Coryanthes evitan la autopolinización y en cierta manera, la degradación genética de la especie.
Algunos científicos aseguran que la abeja, al perder tantas energías en su escape, no repite de inmediato su aventura; deja así pasar un tiempo y su visita la efectúa posiblemente a la flor de otra planta de la misma especie, donde en su nueva huida, deja en el estigma los polinios que lleva adheridos en su dorso y asegura la reproducción de la especie. Ese lapso, más o menos grande, entre las visitas a una flor y a otra, lo justifica la afirmación de que el estigma de la flor generalmente no se abre ni produce ningún fluido pegajoso hasta que no es extraída la cubierta de la antera, una consecuencia que dificulta la autopolinización. También es oportuno agregar que los polinios quedan fuertemente adheridos al insecto. Esto lo pudo comprobar el autor de este artículo cuando-¡qué estulticia!- trató de desprenderlos, infructuosamente de la euglosina macho, protagonista de esta historia. De ahí que las visitas espaciadas que el polinizador efectúe a las flores, no serán ningún riesgo para que aquellos se desprendan de su lomo.
En la fotografía ùltima (foto 7) con la que se cierra este artículo, puede observarse la abeja euglosina macho o macho euglosino, con los polinios sobre el dorso, ya repuesto de su odisea, listo para emprender el vuelo, en busca de otra flor de Coryanthes hunteriana, algo difícil pero no imposible en el Valle Central de Costa Rica, donde esta orquídea es esporádicamente cultivada.
Terminamos esta reseña con un poema que describe dramáticamente la aventura del macho euglosino en la polinización de las orquídeas del género Coryanthes y que parece ha musicalizado el famoso músico norteamericano Lee Ritenour:
Raga del deseo
Ese macho de la abeja euglosina
que busca los aceites de la orquídea coriantes para impregnar su abdomen
amado por las hembras, hechizando a las hembras,
cae a la trampa espesa de fluido,
restos de insectos flotan con sus brazos perdiéndose,
y casi extenuado por salvarse,
esmeralda rendida, desvalida -es el fondo el flujo de los pétalos escala
la garganta que permite
que la abeja la invada, y apenas ha temblado la flor cuando la cruza
la intrusa enamorándose, porque al seguir lo angosto, húmedo, codicioso,
se abrazan a su lomo dos extraños de estambre, -intención de la flor
el navegar a un vientre vacío todavía pero expectante, hambriento.
Ese macho euglosina, una vez fuera,
si respira, si vive, empapado del líquido se limpia tanta baba
que lo envolvió en la trampa; se enjuga y aletea, se repone deprisa,
y el peso de los granos se imponen como tabas parásitas y bellas,
hasta que vuela a otra cubo coriantes,
ahora femenina, y se repite el óleo del peligro, repite caer, la casi muerte,
y sale penetrando, y se quedan los huéspedes que ceñían su lomo,
y empapado respira
el ansia;
esmeralda que vuelve sin memoria
a buscar un perfume
y vuelta
y vuelta.
BIBLIOGRAFÍA
Coryanthes page. “The genus Coryanthes”.
www.orchidspecies.com/coryanthes.htm
Dressler y otros. Orchidacea. En Manual de plantas de Costa Rica. U.S.A.: Missouri Botanical, 2003.
Gerlach, Günter. “The genus Coryanthes”. http://www.botanik.biologie.uni-muenchen.de/botgart/e/research/gg_species.html
Meyers, Troy. “Polinización de orquídeas del género Coryanthes”. http://lab.troymeyers.com/flasking/FMPro?-db=Subjects&-lay=cgi041&-format=subjects.htm&-recID=24&-edit=
Morales, J. Francisco. Orquídeas, cactus y bromelias del bosque seco. Costa Rica: Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio), 2001.
Pupulin, Franco. “Catálogo revisado y anotado de las Orchidaceae de Costa Rica”. Lankesteriana N. 4, mayo 2002
Pupulin, Franco y colaboradores. Vanishing Beauty: Native Costa Rican Orchids. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005.