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BOSQUES MÁGICOS DE DOTA
Un curso rápido de fotografía, organizado por la Organización de Estudios Tropicales, nos permitió desplazarnos el pasado 1 de noviembre hasta un bello y pequeño poblado llamado San Gerardo de Dota. Un trayecto inicial de unas dos horas por la carretera interamericana de Costa Rica, con rumbo al sur, nos hizo llegar casi al Cerro de la Muerte en la Cordillera de Talamanca. Pero antes, nos desviamos y comenzamos a descender por un sinuoso camino, lastrado en partes, pavimentado en otras, pero protegido a ambos lados, a veces por los robledales mágicos de los bosques de Dota o por especies arbóreas de bosques secundarios. A los pocos kilómetros, la aparición del Río Savegre en un cauce profundo, al que hay que mirar con cierta prevención, completó esa sensación concomitante de vida armoniosa con la naturaleza.
A los siete kilómetros de descenso, aproximadamente, comienzan a develizarse las casitas campesinas y los pequeños albergues, con una repetitiva leyenda: “Mirador de quetzales”. Y es que el quetzal, con su maravilloso plumaje multicolor, es el emblemático habitante de San Gerardo de Dota durante todo el año, gracias a la abundancia de un árbol, el aguacatillo (Persea coerulea), fuente principal de su alimentación. Poco después estaríamos ya en San Gerardo de Dota, encardinado en un valle de la Cordillera de Talamanca, a 2200 metros de altitud. Este es un pueblo joven, fundado en 1954 por dos parejas de hermanos, uno de los cuales, don Efraín Chacón, es el propietario del Hotel Savegre donde nos alojamos. Ubicado en una gran propiedad familiar, no solamente brinda confortable alojamiento a sus huéspedes, sino que les permite desplazarse por diversos senderos, donde es posible contemplar diversidad de árboles, de flores y otras especies ornamentales, tanto nativas como introducidas.
Pero si el turista desea conocer el mágico quetzal, deberá desplazarse algunos kilómetros arriba, donde los árboles de aguacatillo marcan el hábitat de esta ave. Y es que el encuentro con este pájaro fue el punto donde la adrenalina del grupo de “estudiantes de fotografía”, heterogéneo por la diversidad de profesiones y de edades, pero homogéneo en entusiasmo, marcó el verdadero clímax de la excursión. Si bien habíamos observado casi en silueta, algunos especímenes desde la carretera, la entrada a una propiedad privada y habiendo caminado, quizá unos quinientos metros, nos puso en contacto con el árbol de aguacatillo, primero, aunque de pronto, alguien gritó: “Ahí está el quetzal”. Sí, ahí estaba esa ave mítica, casi inasible, recalando sobre una rama de su árbol protector. Aunque para algunos podría haber sido una decepción, para nosotros no: era una hembra, una quetzala (así, resaltando el feminismo, sin necesidad de usar el género epiceno, pues la verdad es que los sustantivos de nuestro idioma, terminados en el sufijo “al” permiten la formación de los dos géneros: general, generala; zagal, zagala.) Sí, ahí estaba la quetzala, posando tranquilamente para nosotros, en una rama un poco lejana, primero, y luego en otra un poco más cercana. Tal fue su afán de complacernos, que en un momento dado alzó vuelo y casi se posa en la cabeza de uno de los compañeros. Luego, permaneció por unos minutos más en el techo de una choza cercana, casi al alcance de nuestras manos, a veces de costado o de “espaldas”, mostrando confianzuda su hermosa cola, aunque siempre mirando con el “rabo del ojo”. Unos minutos más y con un raudo vuelo se alejó luego, pero dejando en todos la sensación de que quizá quiso complacernos con su visita. No quiero cansarlos más con referencias del viaje a San Gerardo de Dota.
Antes de que usted pueda visitar este pueblo, disfrute de las fotografías que les ofrecemos en este link:
http://picasaweb.google.com/biocursosoet
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